God of War

Kratos, el fantasma de Esparta, carga sobre sus espaldas una historia de leyenda. Su piel es blanca por estar embadurnada con las cenizas de sus familiares muertos. Sus antebrazos están vendados por las cicatrices que le dejaron las Espadas del Caos. Su mirada es pesada, porque ahora soporta una nueva responsabilidad: llevar los restos de su esposa muerta a la cima más alta del mundo, acompañando a su hijo Atreus. 

Es un personaje que se ha transformado: si en la trilogía original y en God of War Ascension nos encontrábamos un protagonista cegado por la furia, que sólo se encontraba cómodo en el campo de batalla, el nuevo Kratos trata de esconder su naturaleza divina y reprime sus impulsos violentos… claro que cuando llega al límite, pelea como nunca.

Una experiencia mitológica

El dios de la guerra griego es un extraño en Midgard (el mundo de los humanos de la mitología nórdica) y poco a poco va conociendo las “reglas” de este reino. El modo en que se introducen personajes legendarios y localizaciones, como el árbol del mundo Yggdrasil, el sabio Mimir o la serpiente Jorgmungander es perfecto; el jugador aprende al mismo tiempo que el propio Kratos.

Pero la historia bascula sobre otro arco argumental, a un nivel más bajo que la batalla entre los dioses. La relación entre Kratos y su hijo Atreus nos ofrece una perspectiva mucho más íntima y, en cierto modo, más emocionante. Ambos comienzan como extraños: el guerrero espartano se esfuerza por educarle en el combate y ganarse cierta empatía, mientras que Atreus se debate entre el amor hacia su padre y el rencor. Es una relación perfectamente retratada, que nos recuerda a Joel y Ellie en The Last of Us o a lo que ya vimos en  Uncharted 3 La traición de Drake (con Nathan Drake y su mentor Victor Sullivan “Sully”). Y además evoluciona a lo largo del juego.

La relación entre padre e hijo no es sólo una cuestión argumental. Ambos unen sus fuerzas en el combate (Atreus va armado con un arco, que lanza diferentes tipos de flechas) y en la resolución de algunos puzles. Y por otra parte, Kratos debe proteger a su vástago cuando cae en manos de trolls, ogros y draughrs. El sistema es muy orgánico: unas veces nuestro acompañante actúa por su cuenta, y en otras ocasiones debemos darle órdenes mediante botones contextuales. 

Así God of War consigue un triunfo desde una perspectiva narrativa. Tenemos dos versiones de la misma odisea: la heroica (que corresponde a Kratos) y la humana, desde los ojos de Atreus… y ambas son apasionantes. Para completar la parte argumental nos encontramos con una serie de secundarios recurrentes: la bruja del bosque, Mimir, los herreros enanos Brock y Sindri… y también algunos enemigos de naturaleza divina que nos van revelando el “lore”.

El sistema de combate

La cámara de God of War es una maravilla pero al colocarse tras el protagonista, ha obligado a cambiar el sistema de combate. Esta vez Kratos utiliza el hacha Leviatán (más adelante en el juego es capaz de conseguir otras armas) y puede ejecutar combos en el cuerpo a cuerpo o lanzarla como un proyectil (pudiéndola recuperar posteriormente). 

La combinación entre estos dos tipos de ataque, junto con habilidades defensivas (parar ataques con el escudo y esquivar) da como resultado unas peleas más estratégicas que en los juegos anteriores. El ritmo es más parecido a un Dark Souls o a un Bloodborne que a los “hack ´n slash” frenéticos que eran los primeros juegos. También porque los enemigos “pequeños” son capaces de ponernos en apuros.

Animal Crossing: New Horizons

Animal Crossing es una de las sagas más particulares y peculiares que existen. No en vano, estamos hablando de una serie que va a contracorriente de lo que solemos entender por el concepto de videojuego y en la que nuestro único objetivo es vivir una segunda vida virtual en paralelo a nuestro día a día. Aquí no hay que derrotar a un gran villano, no hay que rescatar a nadie, no hay que subir de nivel ni tenemos que enfrentarnos a ningún tipo de reto. De hecho, ni siquiera es importante optimizar el tiempo, pues cuenta con un ritmo muy lento que nos invita a tomarnos las cosas con mucha calma y sin presiones de ningún tipo para que hagamos lo que queramos y cuando queramos. Tras haber arrasado en ventas con sus cuatro entregas principales y sus múltiples spin-off, ahora nos llega para Nintendo Switch, el que es, sin duda alguna, el título más ambicioso, completo y grande de toda la serie.

Si bien su propuesta sigue siendo muy similar a lo visto en juegos anteriores, esta vez en Nintendo han querido ir un paso más allá y darle un interesantísimo giro a su planteamiento, pues no nos mudaremos a un pueblo ya establecido, sino que viajaremos a una lejana isla desierta que deberemos convertir en una gran aldea. Así pues, crearemos a nuestro personaje con un agradecido editor que viene a sustituir al clásico test para decidir nuestro aspecto, seleccionaremos la disposición de nuestra isla entre cuatro opciones distintas y el hemisferio en el que queremos que esté, y volaremos a ella junto a un par de vecinos para encontrarnos con que lo único establecido que hay es la tienda de operaciones del carismático Tom Nook, quien se ha encargado de organizar todo este plan de colonización.

Entre sus principales novedades, esta vez nos encontramos con un completísimo sistema de artesanía que nos permitirá crear todo tipo de cosas… siempre y cuando tengamos las recetas adecuadas y sus correspondientes materiales. Con toda una isla a nuestra disposición para desarrollar, uno de los principales atractivos que encontraremos en esta entrega lo tendremos en las gigantescas posibilidades que nos ofrece a la hora de alterar por completo el exterior, ya sea colocando todo tipo de adornos, muebles, estructuras y vallados o incluso modificando su orografía hasta las últimas consecuencias. Os podemos asegurar que hay tantísimos objetos y las herramientas de edición son tan flexibles que prácticamente se puede hacer cualquier cosa que se nos ocurra, desde construir caminos y carreteras “de forma oficial” hasta levantar montañas y cambiar el curso de los ríos. Esto es algo que puede llegar a abrumar y vamos a necesitar muchísimas horas para dejarlo todo tal y como queremos, un proceso que resulta increíblemente gratificante y satisfactorio, pues las herramientas de las que dispondremos son muy fáciles e intuitivas de usar.